Mi primera experiencia en un baño de gong: lo que descubrí en el silencio del sonido

Nunca olvidaré mi primer baño de gong. Llegué con curiosidad, algo de ansiedad y la duda de si realmente “funcionaría”. Lo que viví aquella tarde transformó mi relación con el silencio, el sonido y conmigo misma.

El inicio del viaje

La sala estaba tenue, con luz cálida y un ambiente acogedor. Me recosté en el suelo, cerré los ojos y esperé. De pronto, un golpe suave en el gong abrió un universo de vibraciones. El sonido no lo escuchaba solo con mis oídos: lo sentía en la piel, en el pecho, en cada célula.

Entre el ruido y el silencio interior

Al principio mi mente seguía corriendo con pensamientos de la vida cotidiana. Pero poco a poco, las ondas del gong disolvieron ese ruido mental, como si me mecieran en un mar sonoro. Perdí la noción del tiempo y me entregué a un silencio interno que nunca antes había experimentado.

Lo que descubrí

  • El cuerpo se relajó de una forma que ni el mejor masaje había logrado.
  • Mi respiración se hizo profunda y natural.
  • Experimenté una sensación de unidad, de estar completa.

La invitación

Un baño de gong no es algo que se pueda explicar del todo con palabras. Es una experiencia que se vive y se siente. Si estás buscando calma, claridad o simplemente reencontrarte contigo mismo, regálate la oportunidad de experimentarlo.

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